"...La voluntad no puede querer hacia atrás: que no pueda tampoco quebrantar el tiempo y la sed de tiempo -ésa es su más solitaria aflicción." F.Nietzsche.
Cuando vives, algunas veces presientes un infranqueable abismo entre los hombres, a veces presientes también que ese abismo es así, por que así debe ser, por que no podría ser de otro modo, bajo ningún motivo. Es un presentimiento. Que nadie se alarme. No. Hay cuestiones que acercan a los hombres. Cuando leés un libro y te reconoces en él, experimentas también un sentimiento de empatía con el autor... y crees entenderlo, y que te entiende... y entonces ese infranqueable abismo no es francamente in- fran-quea-ble. Es también un presentimiento. Que nadie se alarme. Repito.
Entré a su casa y ahí estaba: subrayado y despojado. Lo tomé, le sonreí, le dí la vuelta... una palmadita, gesto de aprobación con mano en la barbilla:
-¿Cómo te llamas muchacho? -La invención de la soledad, soy de Paul Auster -No me digas... y mmm ¿de qué te tratas? -No me he leído -¡Ay qué pena! ¿No te han leído en voz alta? -Nunca -Pues mira, yo te leo en susurros mientras mi novio sale del baño, pero sólo podré leerte poquito, tenemos prisa, los hombres siempre tenemos prisa como ya lo habrás notado... y los que dicen que no tienen prisa... tienen prisa por no tener prisa... pero eso es algo por lo que tú no debes preocuparte... olvídalo... voy a leerte:
La invención de la soledad, de Paul Auster, primera parte "Retrato de un hombre invisible".
"Un día hay vida. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino, pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de que lado nos encontramos (...)
La muerte despoja al hombre de su alma. En vida, un hombre y su cuerpo son sinónimos; en la muerte, una cosa es el hombre y otra su cuerpo. Decimos <<Éste es el cuerpo de X>> como si el cuerpo, que una vez fue el hombre mismo y no algo que lo representaba o que le pertenecia, sino el mismísimo hombre llamado X, de repente careciera de importancia.
Cuando un hombre entra en una habitación y uno le estrecha la mano, no siente que es su mano lo que estrecha, o que le estrecha la mano a su cuerpo, sino que le estrecha la mano a él. La muerte lo cambia todo. Decimos <<éste es el cuerpo de X>> y no <<éste es X>>"
-¿Qué piensas? -¿De qué? -De ti... ¿qué piensas de ti ahora? -Es cierto -¿Qué? -Todo lo que digo -No me digas ¿Tú crees?... pensé que sólo a mi novio le pasaba -¿Qué? -Creer que todo lo que dice es cierto. Fue un placer. -Ídem.
"Esa es la sociedad posmoderna, caracterizada por una tendencia global a reducir las relaciones autoritarias y dirigistas y, simultáneamente, a acrecentar las opciones privadas, a privilegiar la diversidad, a ofrecer fórmulas de <programas independientes> como en los deportes, las tecnologías psi, el turismo, la moda informal, las relaciones humanas y sexuales (...) un proceso sistemático de personalización que consiste esencialmente en multiplicar y diversificar la oferta, en proponer más para que uno decida más, en substituir la sujeción uniforme por la libre elección, la homogeneidad por la pluralidad, la austeridad por la relización de los deseos (...) componer a la carta los elementos de su existencia . kit modulada en función de sus motivaciones individuales. (...) Desaparecidos los sordos, los ciegos, los lisiados, surge la edad de los que oyen mal, de los no-videntes, de los minusválidos; los viejos se han convertido en personas de la tercera o cuarta edad, las chachas en empleadas del hogar, los proletarios en interlocutores sociales. Los malos alumnos son niños con problemas o casos sociales, el aborto es una interrupción del embarazo (...) se establece un lenguaje eufemístico y tranquilizante, un lifting semántico conforme al proceso de personalización centrado en el desarrollo, el respeto y la armonización de las diferencias individuales: Soy un ser humano. No doblar, romper o torcer(...) Todo debe comunicar sin resistencia, sin relegación, en un hiper-espacio fluido y acósmico a la manera de los cuadros de Folon".
Lipovetski, Gilles en La era del vacío, Editorial Anagrama S.A., 2002, Barcelona, España, p.p. 19, 22
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I write you from a distance country, por Jean- Michel Folon 1972
Métamorphose, por Jean- Michel Folon 1981
The view, por Jean-Michel Folon 1970
Ilustración para La metamorfosis de Kafka (izquierda), por Jean- Michel Folon 1973
Ilustración para La metamorfosis de Kafka (derecha), por Jean- Michel Folon 1973
"No entiendo mis imágenes y cada uno es libre de entenderlas como desee. Sólo he tratado de representar mis propios sueños con la esperanza de que, en ellos, otros puedan encontrar los suyos"
LA PROPIA PUNTA DE LOS PIES se ve terriblemente lejos los cinco dedos, como cinco desconocidos, se congregan indiferentes
junto a la cama hay un teléfono que me conecta al mundo pero no hay nadie a quien quiera llamar desde que recuerdo, mi vida sólo consiste en tareas por [hacer ni mi padre ni mi madre me enseñaron cómo hablar de [las cosas que suceden en el mundo
me apoyo en versar de una frase a otra desde hace [cuarenta años si me preguntan: ¿tú quién diablos eres?, responder "soy [un poeta" como lo más seguro es algo ambiguo cuando abandoné a aquella mujer... ¿era un poeta? cuando como mi papa asada favorita... ¿soy un poeta? yo, el de la cabeza adelgazada... ¿acaso un poeta? hombres semejantes, de edad mediana y que no son [poetas, abundan
yo sólo soy un niño ingenuo que persigue mariposas de palabras bellas ese niño -genio y figura- jamás notó el herir a otros sino hasta su sepultura
la poesía es tan absurda
Tanikawa, Shuntaro en Sin conocer el mundo, Plan C editores, S.A. de C.V., por las características de la edición, México 2007, p. 33. Traducción por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Primera edición por Editorial Shichyoshya, 1993.
Pues... hace poco estaba de copiloto en un coche... run, run, run por la ciudad (Cd. de México) y la vida andaba siguiendo su curso, yo iba hacia algún lugar (fiesta, escuela, casa, parque, museo, casa de amigo (a) para el caso (este) da lo mismo... cuando de pronto dije:
-¿Te acuerdas que te conté de un libro que leí hace poco... de un japonés... que es el primer libro que leo de un autor japonés... sí te acuerdas?
Y él dijo mientras manejaba:
-Sí
Y yo dije:
-Ah... pues en ese libro hay un poema que me gusta ¿te lo digo? -y él hizo un gesto... no podría decir si fue un no o un sí... yo creo que fue un no... en fin, abrí mi boca grande e intenseando y dije- " junto a la cama... hay un teléfono que me conecta con el mundo, pero no hay nadie... a quien quiera llamar... desde que recuerdo, mi vida sólo consiste en tareas por hacer... ni mi padre ni mi madre me enseñaron cómo hablar de las cosas... que suceden en el mundo" ¿está bien bonito no? por eso es poeta, su padre y su madre nunca le enseñaron como hablar sobre las cosas que pasan en el mundo...y pues... buscó una manera de hacerlo... y tiene un teléfono pero... pues no tiene a nadie a quien llamar... por eso es poeta ¿no?, ¿nooo? (inteeensa, inteeensa, yo quería hablar sobre eso... a nadie le había contado... mis ojos eran de caricatura japonesa... decía obviedades... babeaba... yo creo que le di miedo, mucho, a mí me daría miedo... esperaba su respuesta... casi le sorbía las palabras de los labios)
Y él dijo:
No dijo nada, sólo frunció el ceño. Y entonces supe que el comercio de ideas había terminado.
1. Fui una pescadora con un vestido viejo y roído... y tuve un sombrero de paja en la cabeza, y estuve descalza... fue tarde, las seis de la tarde. Pesqué en un estanque de papel aluminio, forcejeé... alguien pasó por casualidad... me tomó una Polaroid y me congeló... click.
2. Fui una chica de unos 16 años y anduve caminando por ahí en un bosque, donde alguna vez hubo un río... fuí recogiendo piedritas planas: me agaché, las recogí y las dejé caer en las bolsas delanteras del mandil. Cayeron una sobre otra... sonaron pac, pac, pac.
3. Estuve sentada en un sillón frente a un árbol de Navidad... vi las luces cíclicas... no hubo sonidos, estuve muy sola.
4. Desperté en casa de mis abuelos... todo el cuarto olió a leche tibia... se me calentó la nariz cuando inhalé... escuché las burbujas de la leche hirviendo en la estufa de la habitación contigua... hicieron: ¡plop!, ¡plop!, ¡plop!... de golpe entró mi abuela en el cuarto con una mamila llena de leche... me la tomé lentamente hasta que me dolieron las anginas.
5. Desperté... pero tenía los ojos cerrados... hubo algo en mi párpado... fue tibio y suave, fue luminoso... fue un haz de luz, cálido y diáfano que se estrelló contra mi párpado… y me lo acarició… y todo fue calma. Después, cuando decidí abrir los ojos: ahí estuvo... entró suave por la ventana, sorteando las cortinas rosas; en él navegaron lentamente las pelusas, fue como un trozo de agua contenida, en forma de línea recta… yo estrellé mi cara contra él, y me curó el alma.
Alguien dijo, una vez (tal vez más, pero yo sólo sé de una) que los hombres estábamos solos en este mundo y que nuestra soledad era inmensa e irreductible… y luego dijo también que había otra cosa inmensa e irreductible en nuestra naturaleza, y esa cosa era el deseo de no estar solos.
Tenía que pasar ahora, cuando comienza a llover
tenía que pasar cuando los charcos son espejos de luz y tumba de insectos
cuando la hierba despierta húmeda y las ventanas empañadas tiritan de frío
ahora que no hay arcoíris ni rayos de sol tricíclicos que arranquen una sola sonrisa
tenía que pasar porque tenía que pasar, porque no tenía que pasar, porque da lo mismo.
Tenía que pasar y le echo la culpa al mundo... entero, y a los hombres y a sus conceptos, y a la vida y a la muerte
y te culpo... a ti, y a tu voz y a tus silencios... y a tus anclas, que no dejaron que volaras... más
y la culpa la tienen tus padres, y tus madres y las mías y los míos
y la culpa es de tus ojos, porque son tontos tus ojos y ya no se cerraban para soñar... ni por momentos
tenía que pasar y pasaría de nuevo en todas las vidas que tuviéramos por delante... si tuviéramos
Tenía que pasar porque dejé de cantarte al oído, mientras dormitábamos...
porque ya no dormitábamos... porque creíamos que debíamos estar despiertos
pasó porque la vida nos robó la vida, y el tiempo era sólo tiempo y nada más...
también culpo al lenguaje y sus malentendidos ¿por qué no? ¿por qué no tendría la culpa el lenguaje?
tenía que pasar porque tú dejaste que pasara, y yo también, y todo el mundo.
Ahora mismo me alegra que pasara cuando comienza a llover
y cuando los charcos ahogan insectos y reflejan la luz y la hierba está húmeda
ahora mismo me burlo de todas las vidas que no viviré a tu lado... mientras las supongo
y no me importan más, ni un poco, el mundo y los hombres y sus conceptos
ni tus madres ni tus padres ni tus espejos ni tus miedos, no me importan tus miedos.
Ahora mismo, con los ojos llenos de lágrimas... hasta el fondo, no me importan
tus silencios
...y tira todas las anclas... en todos los mares y no sueñes más... nunca más
y olvida que te cantaba al oído, porque yo ya lo he olvidado
y entérate de que tu vida ha sido robada, y tu tiempo sólo es tiempo... y nada más.
Tenía que pasar porque somos tan tontos que
en nuestra lucha por no estar solos, nos hemos quedado solos... ambos...y a la vez.
¿Quién dice que sólo puedo Stumblelear desde mi computadorrr? NEL. Yo puedo Stumblelear desde donde sea… o en su defecto, ver como las personas le dan al Stumble silvestre:
Era uno de esos domingos que han propiciado que al domingo se le llame suicida. La misma fórmula: seis de la tarde, cielo aborregado, atardecer púrpura, nada en la T.V., nada en el refri, nada en las calles… las hojas de periódicos rodaban por mi cuadra como en ese recuerdo que tengo del Acto 1 de la película Berlín donde, justamente, las hojas de periódicos se deslizan por el asfaltooooooooooooooo, por el asfaaaaltooo, por el asfaaaltooo. Así. Y no hay nadie ni nada que las detenga.
Entonces andaba yo en esas, básicamente salvándome… en palabras de Federico N. andaba yo “no colocando ya más coronas de muertos en vida” Y que me conecto. Y ¡ay de mí! Ahí estaba ÉL… ÉL… ÉL, Juan Pérez… el de los bolsillos del pantalón llenos de trozos de papel con recetas para el Weltschmerz[1]. Y como mi vida está llenísima de contradicciones (existe en el mundo alguien que tiene la facultad de contradecirse a una velocidad mayor que la velocidad en que viaja la luz… y tengo un autógrafo suyo, pero, como crecí en el seno de una familia católica y soy una señorita decente, no diré su nombre… hasta que termine el domingo santo) estaba en que tengo muchas contradicciones y cuando me di cuenta de la presencia del hombre que tiene los bolsillos llenos de recetas para el Weltschmerz, supe que no debía hablarle en un domingo suicida. Ipso facto, le mandé un mensaje que decía:
Yo –qué ondas Juan Pérez ¿cómo te va?
Juan Pérez –Pues aburrido, no sé qué escribir. Como que ya he vivido todo lo que me toca
En ese momento pensé –Juan Pérez es un hombre muy joven, un mozuelo ¿por qué me dice esto Juan Pérez?- y quise entender su sentir:
Yo – ¿Has escrito ya, todo lo que te tocaba escribir Juan Pérez? ¿Has leído ya, todo lo que te toca leer querido amigo?
Juan Pérez – Pues no sé, no podría leer ni un año de buena literatura. Mira, un buen lector lee un libro a la semana, cincuenta y dos al año; el tiempo de vida de un buen lector es de cuarenta años… entonces en su vida sólo podrá leer 2080 libros.
Yo – ¿Te parece poco?
J.P. – ¿Sabes cuántos buenos libros se estima, se escriben al año? Dos mil quinientos.
Yo – ¿Quién lo estima?
J.P. –Ay no sé quién lo dijo, Borges creo, no sé, qué me importa, es una anécdota. Entonces Borges dice algo como que muy probablemente existe ya un libro que me puede cambiar la vida, y que no lo he leído, ni lo leeré.
Ay de mí que le mande un mensaje por Messenger a Juan Pérez, su planteamiento era tristísimo y absurdo y yo le dije:
Yo –Ya… ese Borges, ahora mismo me haces pensar en eso, y sí, planteado así suena tristísimo ¿no te ha tocado el libro que cambie tu vida?
J.P. –Cada uno que leo
Yo –Ah pues Borges no te va, escógete otra teoría.
J.P. –Tengo una: la del libro de mi vida. Ese lo escribo yo y seré muy idiota si me quejo del final, pero del camino repelo demasiado. Hay tantas cosas de las que me arrepiento y debo admitir que esperaba más… tengo algo de miedo de seguir. No por tenerle miedo a los cambios, más bien porque soy muy nostálgico. Mi libro cada vez madura más ¿sabes qué es la madurez para Carlos Fuentes? La madurez es cuando recuerdas claramente tus pérdidas. Remember.
Yo – ¿Y tú las recuerdas?
J.P. –Si fueron importantes sí… digo, perdí mi inocencia y me sumergí en este afanoso y caótico mundo. Detesto hacer lo mismo todos los días. Detesto ser “como debo ser” Y detesto la rutina que no me permite disfrutar lo que hago.
Yo –Alguna vez, yo pensé en eso… no sé si del mismo modo, pero alguna vez pensé que probablemente la vida sería más fácil si no supiera algunas de las cosas que se… pero luego caí en la cuenta de que no…. Que proporcionalmente a lo que supiera, tendría mis angustias también.
J.P. – Pues no sé, que me importa, imagina tan solo poder ser diferente todos los días, un día ser doctor y otro día ser arquitecto… al ser lo mismo todos los días, siento que me pongo la soga al cuello, la soga de ser lo mismo toda mi vida.
El domingo suicida llegaba a su fin, eran ya las once con cincuenta minutos y esa noche, en unas horas, Juan Pérez dejó de ser “el de los bolsillos del pantalón llenos de trozos de papel con recetas para el Weltschmerz” y pasó a ser el “Stumble Upon” de carne y hueso… y él no lo sabía… y se preocupaba tanto por ser el mismo todos los días.
[1] La autora pudo referirse al término de origen alemán <<Weltschmerz>> que denota esa sensación que se tiene cuando se es consciente de que el dolor de alguien es causado por alguna circunstancia o crueldad del mundo, sobre la cual no se puede hacer nada. Émile Durkheim escribe sobre esta situación en su tratado sociológico Suicide.
O bien, la autora pudo robar la frase “…los bolsillos del pantalón llenos de trozos de papel con recetas para el Weltschmerz” de la página 4, del libro Trópico de Cáncer de Henry Miller. Editorial RBA, publicado en España, en 1996.
20% Occidentalmente asimétrica + 20%Ingenuamente romántica + 20% frita + 20% clavada + 20% insegura
= Un desastre para la época.
P.D. Dicen que tengo boca de muppet, que todo me lo tomo muy en serio, que últimamente soy pura maldad.